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Dulce María: Criatura de isla

Dulce María: Criatura de isla

Dulce Maria

“soy isla asida al tallo de los vientos” (Dulce María Loynaz)

Dulce María Loynaz logró lo que deseó con obsesión: ser un río que se despeña y choca, salta y se retuerce, pero llega al mar, mujer isla, corriente tibia que limpia males a su paso.

Sus versos son miradas al mundo único que es su alma, sencilla y clara. Su poesía camina, llena de ensueños, al filo de la realidad.

Aferrada a dar solo lo eterno, lo inmarcesible, entendía del amor, de la humildad, de los dulces sacrificios de una vida dedicada al bien desde el arte.

Varios estudiosos han catalogado su obra como impresionista, por reflejarse a sí misma: fuerte, intensa, enérgica y nostálgica, confiada en el poder de lo sublime.

Poesía, ensayo, novela, siempre la misma hondura en la mirada que alcanza lo externo, pero regresa para observarse.

Por ese oficio de bondad hecho verso, a 120 años de su nacimiento, Dulce María sigue siendo como el mar que baña esta isla, que es ella misma trastocada, florecida, convertida en fe de vida, en respiro, inspiración de otras plumas, pero jamás superada.

Pese a las décadas que debieron esperar algunos de sus textos para ser publicados en Cuba, y el ostracismo al que ella misma se sometió durante varios años, su canto desenfadado, coloquial y desgarrador se levantó con la fuerza propia de las verdades del alma.

Dulce Maria 1

Cada susurro de su pluma roba el suspiro de quien se encuentra en su literatura como si se mirara en un espejo.

En 1950, su firma acompañaba crónicas semanales en diarios de renombre como El País y Excélsior.

Ella estuvo entre los colaboradores de la revista Orígenes, fundada por José Lezama Lima y considerada una de las publicaciones cubanas más importantes de la época.

Sus caminos sencillos para llegar a lo profundo, ubican la cubanía de Dulce María en la universalidad.

Así lo demuestra el haber recibido en 1992 el Premio Miguel de Cervantes.

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Ella: antes Premio Nacional de Literatura en 1987 y Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua, desde 1968 Miembro Correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española; después, Orden Gabriela Mistral de la Embajada de Chile en 1996.

“La criatura de Isla paréceme, no sé por qué, una

criatura distinta. Más leve, más sutil,

más sensitiva”.

Eso era Dulce María Loynaz: una criatura leve, sensitiva, una criatura de isla, de esta isla.

Dulce Maria 2
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