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Los dos Josés

Los dos Josés

Lezama

«En Cuba solo hay dos Josés: José Martí en el siglo pasado y José Lezama Lima en el actual».

Dos Josés, ¿o son tres si sumamos a Heredia?

El joven poeta Manuel Pereira toca a la puerta de Trocadero 162; comienza el viaje de una amistad, un curso órfico amueblado en el pequeño cosmos lezamiano.

De esas memorias, nos deja esta luminosa anécdota:

“Una mañana sonó mi teléfono y respondí medio dormido: « ¿Quién habla?»; «José», fue la respuesta. « ¿Qué José?», insistí. «En Cuba solo hay dos Josés: José Martí en el siglo pasado y José Lezama Lima en el actual», y carcajeó como Lao Tsé”.

Dos Josés, ¿o son tres si sumamos a Heredia? Tal vez la broma de Lezama esconde una verdad: entre Martí y él hay un puente de múltiples resonancias.

En ambos, la estética de lo barroco se asocia a una nueva expresión de la identidad americana.

En ellos la naturaleza y el paisaje son espacios que construyen una cultura insular sin las dicotomías que desintegran y excluyen, hay una búsqueda de la unidad dentro de la diversidad.

Son dos poetas, en quienes la prosa y el verso diluyen las fronteras y la imagen salta por encima de los fragmentos.

El Diario de campaña de José Martí es un poema colosal pleno de sonoridades que registran la génesis e inocencia de la naturaleza y la palabra.

En el Paradiso lezamiano hay un permanente ascenso poético donde se deja oír aquello que Demetrio le susurra a José Cemi:

“El idioma hecho naturaleza con todo su artificio de alusiones y cariñosas pedanterías”.

Y saltan en Paradiso las palabras como peces, o peces convertidos en palabras que vuelan más allá de la red.

Borbotean las “palabras sin cascar”, llenas de imágenes atravesadas por la “verdad oblicua” y primigenia que rompe la línea de los determinismos.

¿Hermético Lezama y sencillo Martí?

Cuando alguien comparó el hermetismo lezamiano ante los modos en que Martí alza la palabra en los Versos Sencillos, Lezama, lanza el ramalazo:

“Los Versos Sencillos de Martí son sencillamente complejos, no existe en la historia de la poesía cubana un verso más oscuro que aquel del canario amarillo que tiene el ojo tan negro”.

A propósito, se ha dicho que es el amarillo cenital el color que sobresale en Paradiso.

Si Martí es “el misterio que nos acompaña” al decir de Lezama, también hay misterios cognitivos en la poesía lezamiana, en sus modos de asumir la historia, la cultura, el tiempo, las totalidades de lo esférico.

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No es casual que para él, la frase más centelleante de Martí es la que asegura: “Yo vengo de todas partes / y hacia todas partes voy”.

Y no olvida el joven poeta, que, en una de las visitas a casa de Lezama, este le mostró los Episodios de la Revolución Cubana, de Manuel de la Cruz, dedicado por el autor a José Martí.

“Pero había más: casi todas las páginas estaban acotadas por el lápiz tembloroso de Martí.

Cualquiera que tenga una opinión superficial de Lezama pensaría que su libro más amado eran las tablas de Esmeralda, de Hermes Trismegisto.

Pues no: eran los tatuajes de Martí sobre esa crónica de la guerra de la independencia”. ¡Qué cerca estaba un José del otro!

Son dos Josés: el más cercano a nuestro tiempo sabe que el otro es el único que ha entrado a la casa encantada del alibi, casa con un único huésped que resume la totalidad y la esperanza; el viejo taita, dador de sensibilidades y de la resurrección que haga posible “los cotos de mayor realeza”.

Dos Josés que ríen en un rancho de palmas, bajo la sombra del Ángel de la Jiribilla. Y el ángel enseña una de sus alas.

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